martes, 2 de junio de 2009

Facelebrity

La red social facebook lleva muy poco entre nosotros, y la que ha armado en tan poco tiempo. Es agradable saber de gente que poco a poco se borraba de mi memoria y que recordaba por una situación que de repente me llevaba a un Déjà vu lejano y borroso, casi en blanco y negro. Y luego aparece la fotografía de un desconocido que dice ser tu amigo, que tiene un nombre familiar; la imagen borrosa toma color, te acuerdas de aquella persona que tiene un nombre familiar, pero una imagen totalmente distinta, luego los recuerdos dan un balance de lo sucedido a esa persona y sacas una propia conclusión de lo que ha sido su vida.

Las imágenes no mienten, a pesar de que utilicemos este medio para provocar la envidia en los demás. Un viaje en barco, el día de tu boda, la práctica de algún deporte de riesgo, fotografiarse con algún famoso, el concierto de tu artista favorito, recibir un premio, celebrar la victoria de algo, ir de fiesta en fiesta, aparecer con un rosario de chicas guapas, mostrar tu hijo a todos, mostrar tu carro a todos, mostrar tu casa a todos. Siempre la mejores fotos, siempre la mejor sonrisa, siempre la mejor mentira.

La soledad, eso es lo que veo en cada una de esas vidas rosas, que se me agregan como amigos, ¿Es qué ninguno la pasado mal? A nadie le ha afectado algo, ni siquiera la derrota de su equipo. Esta red social es: La mentira máxima y la alegría máxima.

Me centraré ahora en todos aquellos que han pasado el duro trámite de ser inmigrantes.
Han sido alguna vez detenidos por la policía, por el simple hecho de tener un aspecto diferente. Has tenido que hacer la fila para entregar los papeles que son requisito para obtener la tarjeta de residencia. Has tenido que sobrevivir con un trabajo cuyas herramientas eran una bayeta, una escoba y un trapero. Has tenido que sobrevivir sirviendo cafés u ofreciendo ADSL al mejor precio. Recibiendo llamadas de clientes cabreados porque el servicio técnico se ha retrasado dos días. En el Facebook estas personas no existen, todos somos ricos, famosos y felices, la vida tal cual como la queremos, una vida con tintes reales que sólo es virtual.

El éxito tal como lo entendemos, es el resultado de décadas de influencia norteamericana, no sólo en nuestra cultura sino alrededor del mundo, pocos países se salvan, en mayor o menor grado el toque salado del éxito siempre está presente.

Así que amigos, no se calienten la cabeza con las bellas imágenes de sus amigos en el Facebook, la verdad nunca es la que parece, el Master de marketing financiero que dice hacer un viejo conocido de la universidad, seguro será en realidad Master en Bareccina y otros limpiadores. Los que vivimos en España y queremos dedicarnos a ramas artísticas alguna vez hemos cogido la bandeja para ser meseros o ponernos los auriculares del teléfono para hacer encuestas. La gente que está en Bogotá o Barranquilla seguro la han pasado muy mal alguna temporada por estar desempleados. Y los que están en Miami se buscan la vida en el primer trabajo que encuentren y mi pregunta es: ¿Qué tiene de malo eso? Qué hay de malo en no ser jefe, en no tener tú propia empresa y sobrevivir en este mundo donde el trabajo dejó de ser un derecho para convertirse en mercancía.

Como ejercicio final voy a dar un breve resumen de mi perfil que seguro no encontraran en mi página de Facebook, pero que pronto agregaré y para que dejen de una vez por todas preguntarme qué hago por acá.

Tres años sin papeles, tiempo que aproveché para nutrirme de experiencias y aprender los oficios de cocinero, albañil, mensajero, mesero, guardia de seguridad, teleoperador, atención al cliente por teléfono. Luego pillé los papeles y seguí con aquellos trabajos, me despidieron del último, y como todo sirve para algo, coticé lo suficiente para poderme pillar un año de paro. Tiempo que estoy aprovechando para escribir y viajar, terminé una segunda novela que interesó a varias editoriales. La semana pasada he recibido un mazazo de una de ellas que me escribió estas elogiosas palabras:

Estimado Mannix Charrys,

Sentimos mucho comunicarle que, debido al exceso de títulos contratados, no nos resulta posible incluir su obra en nuestra programación.

Y así es la vida.

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